viernes, 28 de octubre de 2011

Blanco, tiempo y fiesta

La unión de estos tres términos no guarda ninguna relación al comienzo. Es más, mientras escribía este post ni si quiera tenía clara la idea del porqué lo titulé así.
Asignar “blanco” a una situación es complicado. El blanco es el inexistente, lo irreal. Blanco hace referencia a lo puro y desconocido, al ser mismo, a la nada; también, el blanco del que hablo es la victoria, no solo representa el acto de rendirse, sino que lo festeja de manera amplia y, aunque no se crea, produce confusión.

Les pondré un ejemplo. Hace unas cuantas semanas (tengo la dicha de volver a decir eso en el blog) gané una competencia de palabras, una discusión para decirlo de manera sencilla. Gané porque tenía la razón. Había contado con mis habilidades persuasivas y además me basaba en la verdad. Mi orgullo estaba por encima de todo pero, para ser sinceros, solo buscaba silenciar a mi competidor con la idea de “yo tengo la razón porque las cosas fueron así, yo las vi”. El suceso terminó con la aceptación de mi victoria. Pero, ¿cómo me encontraba después de ello? Estaba en el estado negro. Sí, había ganado, había logrado que mi voz se escuchara pero… ¿que gané en sí? Imponer, alimentar el ego y uno que otro insulto a mi madre. En resumen, pasé de un supuesto blanco a un negro entero, oscuro, como el papel hecho cenizas.

Por otro lado, el término tiempo es el contrincante de la lucha de cada uno. Unas veces se agiliza y otras, muchas otras, se hace lerdo. Se presenta como obstáculo en diversas ocasiones, la piedra que se tiene que esquivar y es exhibida como roca. Hablar de tiempo es hablar de olas. ¡No estoy loca! La relación existe en que el tiempo y las olas van y vienen… unas te revuelcan y otras llegan suavemente, te agradan. Sin embargo, necesitas de un despertador que te avise cuando las cosas están por mal camino, un peep que indique si debes actuar o esperar. Somos impacientes y creemos que si no actuamos a impulso no estamos actuando. ERROR, actuamos mientras esperamos.

Y por último, la “fiesta”. A este punto ya habrán encontrado un sentido y una relación al texto ¿no? La fiesta es lo concluyente. Es el banquete de las satisfacciones, del lucirse ante un espejo, del sonreír. Es ese agasajo donde celebras que has podido concluir una etapa o un suceso. El último suspiro para volver a respirar aire nuevo. Eso es fiesta.

La combinación ha sido concluida. Blanco, tiempo y fiesta pueden estar en orden o variar su posición, el resultado final es el cómo se siente cada persona ante tal fusión. Se busca un resultado positivo, y si no es así, se busca lo que mejor le convenga a cada uno. Unos preferirán el negro, porque les satisface quedar así, manchados. A otros, el tiempo los vence y se rinden; no deciden levantarse, establecer un “seguir” en su programación y reempezar; otros, caen ante la fiesta. Se olvidan de los primeros mencionados para buscar una celebración vacía, y por consecuencia, caen ante Negro.

Mientras yo soy gris, reniego del tiempo y busco la fiesta seguiré analizando lo que tengo y no. Aclaro, soy gris no porque sea tibia, sino porque no puedo considerarme blanco del todo. Ser blanco es sinónimo de perfección, y digamos que me falta mucho para ello.